La
Navidad es uno de los momentos más bonitos del año dado que son
días de fiesta, alegría y reunión con toda la familia.
El día 31, junto a mis hermanos
y mis padres, nos fuimos a Trasobares, el pueblo de mi madre, para
pasar la Nochevieja, ya que el día de Nochebuena habíamos estado
aquí junto a mi abuela y todos estos días habían transcurrido con
normalidad.
Aunque la carretera es bastante mala, el viaje nos cuesta tres
cuartos de hora y tras la llegada, a las 9 de la noche, lo primero
que hice fue saludar a mis abuelos, que hacía ya alrededor de un mes
que no los veía.
En
un abrir y cerrar de ojos ya eran las diez y cuarto, y empezamos a
cenar en el comedor de al lado de la habitación de mis abuelos mis
padres, mis hermanos, mis abuelos, mis tíos, mis primos Alberto y
Natalia, y yo.
Hacía muchísimo
frío conque no dudé en coger la cazadora a fin de ir a la plaza para
tomar las uvas.
Acudimos al bar de la Ponderosa; no obstante,
estaba lleno, de modo que no pudimos pasar tan apenas del marco de la
puerta. Seguidamente estuve
con mi primo y mis amigos en la discomóvil, que era en la carpa que
habían montado en el centro de la plaza del pueblo, algo extraño
considerando que todas las celebraciones se llevan a cabo en el
pabellón.
A pesar de que era ya algo tarde,
había un gran ambiente, o sea, que había mucha gente y además nos
lo estábamos pasando en grande.
Más adelante subimos
a la peña donde estuvimos hablando, pero al cabo de un rato volvimos
a la plaza para comprarnos algo de comer y regresar a la peña.
Ya era tarde, por lo tanto me fui a casa; con
todo, si nos hubiéramos quedado en la plaza con la discomóvil,
todavía me habría quedado más rato, pero además estaba muy
cansado.
A la mañana siguiente me levanté poco antes de comer otra vez en
familia y tras pasar la tarde jugando al fútbol en el pabellón,
tocaba regresar a Ainzón, dejando atrás un año inolvidable.